El marisco y sus bondades para el organismo

Comer pescado es esencial para mantener el buen funcionamiento del organismo. Los nutrientes que aporta, la calidad de su proteína y el hecho de que posea ácidos grasos esenciales, especialmente el pescado azul, lo convierten en un alimento fundamental en la dieta. Realmente, todos conocemos las propiedades y los muchos beneficios que el pescado aporta a nuestro organismo. De lo que sabemos un poquito menos, es de las bondades de sus compañeros marinos, los crustáceos y mariscos que pueblan el fondo del mar. Gracias a Marisco Galego, distribuidores de marisco fresco, hemos profundizado en estos aspectos y hemos dado respuesta a una de esas incógnitas de la vida que se dieron hace unos años: porque no se deben chupar las cabezas de las gambas.

Sobre estos aspectos vamos a hablar en este post. Como bien sabemos, el marisco es saludable, muy beneficioso para el organismo y, por supuesto, un autentico manjar. Nadie puede resistirse a un buen gambón a la plancha, unas vieiras o las patas de un centollo. Una buena mariscada, es siempre, sinónimo de buen gusto y exquisitez, aunque para muchos, estos alimentos pueden provocar un gran malestar debido a su intolerancia.

Si gozas de buena salud y no padeces alergias alimentarias o intolerancias a estos ricos frutos del mar, no dudes que incluirlos en la dieta, es un gran aporte de nutrientes para el organismo, una excelente fuente de proteínas y, por supuesto minerales y vitaminas.

Ahora bien, hay que tener en cuenta una serie de precauciones a la hora de consumir marisco. Es fácil encontrarse con intoxicaciones debidas al consumo de mejillones, ostras o algunos tipos de animales marinos, incluso gozando de buena salud y sin padecer alergias alimentarias. Los expertos, aconsejan evitar hábitos como chupar las cabezas de gambas, cigalas o langostinos, algo de lo que hablaremos más adelante.

En primer lugar, vamos a centrarnos en los múltiples beneficios que aporta el consumo de marisco.

Reyes del mar, reyes de la mesa

Pescado y marisco, poseen propiedades asombrosas para la salud, así como los nutrientes esenciales para brindar la energía necesaria a nuestro organismo. Junto a frutas y verduras, el consumo de marisco, esta más recomendado que el de las carnes rojas, debido a los numerosos beneficios que aporta. Se aconseja su consumo hasta cuatro veces por semana, algo fácil de cumplir, gracias a la gran variedad y posibilidades existentes.

En grandes líneas, el consumo habitual de mariscos, puede aportar al organismo beneficios tales como reforzar el sistema inmune, gracias a la gran presencia de vitaminas y antioxidantes que aporta y previene enfermedades de diversa índole como las que afectan al corazón, la circulación e incluso, los huesos, entre otras.

Siendo así, el consumo regular del marisco, aporta los siguientes beneficios:

  • Mejora la visión y la piel, gracias al aporte de minerales que contiene en su composición.
  • Ayuda a fortalecer los huesos. Contiene vitamina D, encargada de facilitar el metabolismo y fortalecer el sistema óseo. El pescado azul, proporciona un aporte mayor que el de otras especies.
  • Ayuda a reducir y controlar el colesterol, mejora la actividad cardíaca, gracias a sus elevados niveles de omega 3 por lo que es más que conocido.
  • Sus nutrientes, ayudan a combatir el Alzheimer en la vejez y minimiza las posibilidades de que la enfermedad aparezca, debido a sus aportes nutricionales para el correcto desarrollo y funcionamiento cerebral.
  • Las grasas que posee ayudan en la prevención y desarrollo de enfermedades respiratorias como el asma.

Sin duda, uno de los mayores beneficios que aporta el consumo de mariscos y pescado, es su elevado aporte de ácidos grasos omega 3. Este tipo de grasas, disminuye el riesgo de padecer enfermedades como el cáncer, contrarresta la fatiga y es un poderoso antiinflamatorio natural.

Algunos de los nutrientes que aporta, aparte de los citados ácidos grasos, las proteínas del marisco, equilibran la masa muscular y fortalecen los huesos. Su contenido en minerales como el calcio que, ayuda en el metabolismo y mantiene fuertes huesos y dientes, normaliza el funcionamiento de las enzimas y mejora la coagulación de la sangre.

El fósforo, necesario para un correcto desarrollo del metabolismo energético y la regeneración celular, esta presente en gran medida, dentro de sus nutrientes. También, contiene niveles elevados de hierro que, contribuye a mejorar las funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje, oxigena el cuerpo y la hemoglobina.

Su aporte en magnesio, es fundamental para mantener en condiciones optimas el sistema nervioso, la musculatura y la división celular. Junto a este, el manganeso, que mejora el tejido conectivo entre otras contribuciones.

Potasio y selenio, son otros minerales que forman parte de la composición del marisco, con grandes beneficios para el organismo.

No podemos olvidarnos de las vitaminas, tan necesarias para un buen metabolismo de todos los nutrientes y el correcto funcionamiento del organismo. Entre todas las que aporta, A, D, E y algunas del grupo B, son las más reseñables.

Saludable, pero con precaución

Como decíamos al principio, consumir marisco es muy pero que muy beneficioso, ya lo hemos dejado claro, pero también hay que ser cautos con su consumo. El riesgo de intoxicación esta siempre presente por lo que hay que tener un poco de conocimiento sobre lo que nos vamos a comer, su procedencia y estado de conservación.

Respecto a ese debate surgido hace unos años, sobre la inconveniencia de chupar las sabrosas cabezas de los crustáceos marinos, vamos a averiguar el por qué. Parece ser que, la carne del marisco tiene la capacidad de acumular toxinas procedentes de las sustancias con las que se alimentan. De ahí, la insistencia en que no se chupen las cabezas de gambas y langostinos, pues se trata de la parte del cuerpo crustáceo en la que mayor cantidad de mercurio y cadmio se acumula.

El cadmio es un metal pesado que encontramos de forma natural en el medioambiente cuya exposición al mismo, ha aumentado notablemente, debido a sus numerosas aplicaciones en la industria. No posee ningún tipo de función biológica en los humanos y animales y, pese a que su absorción por el aparato digestivo es baja, se acumula en el organismo. Principalmente en el hígado y el riñó, algo que puede derivar en disfunción renal y causar desmineralización ósea.

Aunque no todas las partes del cuerpo de los mariscos, acumulan la misma cantidad de cadmio, el órgano crítico se encuentra en las cabezas de los crustáceos, por lo que aconseja limitar en la medida de lo posible, el consumo de la carne oscura presente en la cabeza de estos manjares. De esta manera, se reduce la exposición al cadmio y su acumulación en nuestro organismo.

Resuelto el dilema para quien no tuviera constancia, podemos concluir que por chupar alguna cabeza de cuando en cuando, no se corre ningún riesgo. Pero no conviene abusar, por lo que mejor, evitarlo.

En cuanto a otro de los problemas que pueden acontecer en torno al marisco, encontramos las intoxicaciones. Esto es algo relativamente frecuente y se produce, debido a unas toxinas que son producidas por los dinoflagelados (unos microorganismos marinos con muy mal café) o el fitoplancton, ingeridos por los mariscos y que aprovechan para acumularse en ellos.

Una de las intoxicaciones más habituales, es la que se produce a consecuencia del consumo de moluscos bivalvos como los mejillones, las almejas o las ostras que, ingieren determinados dinoflagelados tóxicos, en los que el agua, presenta tonos rojizos (la marea roja de la que hemos oído hablar alguna vez) y coincide con los meses de junio a octubre. Estos microorganismos, producen una neurotoxina termorresistente, lo que viene a decir que se mantiene activa incluso tras el cocinado.

Algunas pautas y medidas que podemos tomar para evitar posibles intoxicaciones por consumir marisco, son las siguientes:

  • No comprar el marisco a proveedores no autorizados o lugares que carezcan de autorización sanitaria.
  • No consumir marisco cuyo origen sea desconocido o dudoso.
  • Mantener una buena higiene frente a su manipulación.
  • Evitar en la medida de lo posible, consumir mariscos en estado crudo o poco cocinados.
  • Limpiar correctamente la superficie de trabajo para evitar contaminaciones cruzadas.
  • Separar alimentos crudos de cocinados con la misma finalidad: evitar cualquier tipo de contaminación cruzada.
  • Mantener la cadena de frio.
  • No comprar marisco que presente mal olor.
  • El marisco fresco se hace notar: los cangrejos mueven sus pinzas y los bivalvos cierran sus conchas.

A pesar de estos riesgos que ofrece el consumo de marisco, tomando las medidas adecuadas y evitando chupar más cabezas de las necesarias, se trata de un alimento seguro y ampliamente recomendado. La contraindicación solo se da en el caso de personas alérgicas y para los que gozan de buena salud, como sucede con todo, evitar los excesos.

En el caso de personas que padezcan hiperuricemia, es decir ácido úrico elevado, se aconseja evitar un elevado consumo de marisco y controlar su ingesta, de manera que se eviten los dolorosos ataques de gota.

Poco más podemos añadir sobre las bondades del marisco y sus posibles efectos adversos. Se trata de un alimento saludable que aporta grandes beneficios al organismo, aunque a veces, nos pueda dar un susto.

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