Se ha cumplido más de un año desde que se diagnosticó el primer caso de coronavirus en España. Estamos muy cansados de todo: de las restricciones, de la mala organización de la Sanidad, de las malas actuaciones de nuestros políticos, del cambio constante en los toques de queda y el cierre de la hostelería, de no vernos… La paciencia que nos han instado a tener durante todos estos meses tiene un límite y más de una persona ya la ha perdido. Nos parece lógico y normal que así sea. Lo extraño hubiese sido lo contrario.

Una de las cosas que más factura nos está pasado es no asistir a eventos sociales. ¿A cuántas cosas hemos dejado de asistir por causa del maldito virus? No hemos podido ir a conciertos, a reuniones multitudinarias, a cumpleaños… No cabe la menor duda de que este tipo de situaciones merman nuestra moral poco a poco, sin que eso juegue un papel positivo en nuestro estado de ánimo. Hay que intentar combatir un asunto como este de la forma en la que mejor sepamos con el objetivo de salvar los muebles en los momentos tan complicados que estamos viviendo en los últimos tiempos.

La página web Muy Linux hacía referencia, en una de sus noticias, a la cantidad de eventos que íbamos a perder a causa del coronavirus. En la noticia, se aseguraba que nos podíamos ir olvidando de los más importantes (los que tienen que ver con conciertos, partidos…) y teníamos que poner en entredicho todos los demás, incluidos los familiares, que son los que menos peligro podríamos pensar que pueden tener. La verdad es que esta es una de las cosas que más problemas psicológicos nos han causado durante el último año a una buena cantidad de ciudadanos y ciudadanas de este país.

El diario El País, como tantos otros diarios españoles, ha venido informando de las restricciones en lo que respecta a las reuniones familiares y los aforos. En la noticia que os enlazamos a continuación, se mencionaba que la Comunidad de Madrid había limitado el aforo en reuniones y eventos sociales y aumentaba las distancias de seguridad en lo que respectaba a la hostelería, lo que es una buena muestra de que, desde luego, todo lo que sea aglomeración de personas ha implicado un riesgo durante el último año. Y ojo, que aunque parece que las cosas van a mejorar, van a seguir produciéndose limitaciones de este tipo.

Con todo lo que viene sucediendo en los últimos meses, es lógico pensar que todos esos negocios y comercios que viven de la presencia de muchas personas en sus instalaciones o que viven de algún tipo de servicio que se presta para una multitud han sufrido las peores consecuencias económicas de la crisis del coronavirus. En La Frolita, desde luego, lo han notado, pero apuntan que la clave es seguir trabajando en estos momentos por constituir productos y sabores que vayan a ser tendencia en los próximos años. Desde luego, una cosa está clara: cuando nos dejen reunirnos de nuevo, está claro que van a existir eventos sociales por doquier.

Una cuestión de supervivencia

Desde que se tiene constancia a nivel histórico, se ha hecho evidente que el ser humano necesita contacto con otros seres de su especie. Es algo que responde a la lógica. Y es que la comunicación y el trabajo en equipo es algo que a muchas personas les viene bien desde el punto de vista mental, para sentirse útiles y reforzar de ese modo su ser. No cabe la menor duda de que el contacto entre seres de la misma especie (y no solo humanos, también puede suceder en animales) es algo que es necesario para su correcto desarrollo.

Estamos en un momento difícil para que el contacto entre seres humanos sea tan estrecho como lo era antes, eso nadie lo puede negar. Pero, por fortuna, tenemos a nuestra disposición la mejor aliada para paliar los efectos de esta situación, que no es otra que la tecnología. Ni que decir tiene que, gracias a ella, hemos podido seguir manteniendo el contacto con nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo, aunque cualquiera de ellos y ellas se encontrara en otra ciudad o país.

No sabemos cuándo volverá la normalidad que todos y todas estamos esperando. Lo que sí que sabemos es que, cuando regrese, vamos a celebrar más que nunca la vuelta de la normalidad. Nunca creímos que una situación como la que se está dando en los últimos meses fuera posible en el mundo tan avanzado en el que vivimos, pero el coronavirus es tan real como la vida misma y nos tiene que servir para valorar lo que tenemos. Esa es la mejor moraleja que podemos extraer de todo lo que viene sucediendo.

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