Si el año pasado tuvimos unas vacaciones un tanto extrañas con el tema del Covid19, las de este año tienen pinta de que no van a ser muy diferentes. Sé que hay muchos que ya se han liberado completamente de la carga mental que estar en pandemia conlleva, es como si se hubieran olvidado de que el virus sigue ahí y hacen lo que les da la real gana con todo, pero otros muchos como yo, y mi familia, estamos viendo cómo se trunca un poco todo lo planeado para este agosto 2021.

Aún no estamos todos los adultos vacunados, pero lo estaremos para la segunda semana de agosto que es cuando tenemos vacaciones todos juntos, y aun así vamos con pies de plomo. ¿Por qué? se preguntarán muchos, y otros tendrán claros los motivos que voy a explicar a continuación antes, si quiera, de que los nombre.

Para empezar, la puñetera variante Delta está “dando por culo” (y perdonad la expresión) por todo el país. Hay a quien le da igual  20 que 30, pero no es nuestro caso. Según me he podido informar mediante los medios de comunicación, la variante Delta no es más mortal que la variante clásica que predominaba aquí en España hasta hace unas pocas semanas, el problema es que es mucho más vírica, hasta el punto de que incluso en espacios abiertos puede haber contagios más o menos masivos. De ahí que muchos gobiernos de comunidades autónomas estén recomendando el uso de mascarillas en exteriores a pesar de que el Gobierno nacional haya eliminado la obligatoriedad de su uso en espacios abiertos y siempre y cuando se pueda mantener la distancia de seguridad mínima de metro y medio de separación entre personas.

Pues bien, si me siento en una silla sin moverme, estoy en el campo haciendo una ruta de senderismo o camino por una calle sin tráfico es posible que consiga mantener la distancia de seguridad mínima pero ya os adelanto que en una ciudad normal, de aceras normales, paseando por la calle es prácticamente imposible. Y es que en mi barrio las aceras no deben medir más de un metro de ancho en las calles estrechas así que si me cruzo con alguien es obvio que no cumplo la distancia de seguridad. Lo mismo me ocurre cuando paseo por las calles más céntricas llenas de comercios ya que al cruzarme con do o tres personas por la acera vuelvo a no poder cumplir esa distancia mínima y, por lo tanto, todos deberíamos llevar la mascarilla aunque estemos al aire libre y sobre todo teniendo en cuenta que la variante Delta es ya la predominante en nuestro país. Ahora bien, ¿lo hacemos? Por supuesto que no.

Hay un gran porcentaje, gracias a los dioses del Olimpo, que sí se sube la mascarilla cada vez que se cruza con alguien, o que la lleva puesta directamente, pero otros muchos la llevan tan guardada que ni se les ve y, obviamente, no van poniéndosela y quitándosela según se cruzan con nadie. Conclusión, que no la llevan nunca salvo si entran en un comercio, básicamente.

A todos esos yo les pregunto, ¿estáis totalmente seguros de que no os va a afectar el virus estéis o no vacunados? Y voy más allá ¿sabéis que los niños no están vacunados y que aunque la mortandad es baja en los menores existe? Si yo contraigo el virus y tengo la suerte de ser asintomática lo llevaré a casa, se lo podría pegar a mis hijos y ellos podrían ser asintomáticos o no, y acabar en la UCI o no, y acabar con secuelas o no, o algo mucho peor, o no. ¿De verdad queremos arriesgarnos? Mis hijos son lo más preciado que tengo en la vida así que por ínfima que sea la posibilidad de que el virus les afecte de alguna forma haré todo lo posible para que ni les roce, y eso implica que yo cumpla todas las medidas de seguridad preventivas posibles. Por eso, y porque la incidencia está cada vez más alta, nuestras vacaciones van  ser muy extrañas.

La Playa

Para empezar hay que tener cuidado en la playa porque ahí, con razón, nadie lleva mascarilla. Nosotros accedemos a la arena siempre con la mascarilla puesta, cruzándonos con quien nos tengamos que cruzar, y solo cuando nos hemos instalado en un espacio es cuando retiramos nuestras mascarillas. Luego tenemos una norma: del agua a las toallas y de las toallas al agua. Es decir, que nos podemos bañar en el agua y podemos ir y volver de la orilla en línea recta hasta nuestras toallas pero si queremos jugar en la arena lo haremos en nuestro espacio, de modo que el número de personas con las que nos crucemos sin mascarilla sean las mínimas posible.

La verdad es que si todos cumpliésemos esta premisa otro gallo cantaría pero la realidad es que la gente se cruza paseando por la orilla sin ningún tipo de separación, chocando sus brazos, y sin mascarilla. El año pasado yo también lo hacía, pensaba que al aire libre y con la brisa del mar no había problema, este año con la variante Delta sé que sí hay problema así que evito el peligro, así de sencillo.

Las vacaciones

Hemos intentado contratar alojamiento en un montón de sitios y no hay manera. El año pasado estuvimos una semana en El Cortijo el Sapillo, en Albacete, y este año lo tienen todo completo.

Hemos intentando alquilar una caravana donde nos recomendaron, en Caravanas Cruz, y para las fechas que nos interesan ya no les quedan caravanas para alquilar.

Hemos optado por llamar a muchísimos campings con casitas de madera y hemos buscado en muchísimos portales de turismo rural por si conseguíamos algo que entrara dentro de nuestras preferencias.

Hemos llamado a Casa Imperial Salamanca, un alojamiento rural de lujo que nos han dicho que es una maravilla, y todo completo en nuestras fechas.

Incluso hemos intentado buscar en Booking, que no nos gusta demasiado porque preferimos el alquiler directo o por mediación de empresas más familiares, y tampoco hemos encontrado nada decente.

¿Sabéis qué es lo que sí queda libre? Pues habitaciones en hoteles ubicados en ciudades o localidades muy turísticas, y casas de lujo donde te cobran 1500 euros por una semana solo en régimen de alojamiento. ¿Y sabéis por qué? Porque la gente con dos dedos de frente como nosotros está huyendo de las aglomeraciones y “el lujo” que estaba relegado al turista extranjero este año tiene agujeros porque no han conseguido el mismo volumen de llegadas desde países como Inglaterra, Alemania y otros países nórdicos que buscaban las playas de la costa española para descansar y divertirse en verano.

Lo que pasa es que me hacen mucha gracia estos empresarios de alto standing porque la oferta que hacen es realmente irrisoria. Por ejemplo, me llegó la publicidad hace unos días de un empresario que alquilaba casas de lujo en levante por 1500 euros/semana para unas 8 personas, pero este año las alquilaba a 1000 euros la semana. Por un momento intenté pensar que no era para tanto, que si son 4 parejas de amigos (8 personas) les sale a 250 euros la semana por pareja, pero luego realmente adapté esto a la economía familiar media de nuestro país y ya vi las cosas de otro color. Y es que una familia de 4 miembros que quiera alquilar una casita para veranear durante una semana tendría que pagar los 1000 euros completos, a eso habría que sumarle el desplazamiento, la comida y cualquier actividad que quieran realizar estando de vacaciones, todo eso en un año muy complicado en el que una gran parte de las familias han visto peligrar sus empleos, han tenido ahorros ínfimos o están en la cuerda floja (no voy a hablar de quienes han perdido directamente su trabajo porque entiendo que esas familias no se van a ir de vacaciones, por económico que les saliera), ¿de verdad ese empresario cree que la familia media española puede permitirse un año como este gastarse más de 1500 euros entre unas cosas y otras solo en una semana y sin ningún tipo de servicio adicional? Porque recordemos que hay hoteles que también cobran eso pero al menos te limpian la habitación y tienes contratada la limpieza y el desayuno como mínimo.

Conclusión, lo que podemos pagar y además encaja en lo que buscamos (huir del bullicio) está completo, precisamente porque es lo más demandado, y el resto o no podemos pagarlo o está en plena zona turística repleta de gente que se pasa las estricciones y los consejos de prevención por donde les da la gana, así que me temo que este año (como el anterior) nos quedamos en casa. ¿Y tú?

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